Sumeria

La primera civilización que conocemos comenzó en el sur de Irak, la tierra más tarde llamada por los griegos "Mesopotamia" (entre dos ríos). Fue allí, en el delta del Tigris y el Éufrates, donde los sumerios construyeron una civilización en la época neolítica.
 
No había metales preciosos en el suelo sino que era una zona con abundante agua y rico suelo aluvial, ideal para cultivar y refinar pastos nativos como trigo y cebada, así como para la domesticación de vacas, ovejas y cerdos. (Posiblemente también descubrieron la fermentación de cereales porque la palabra 'alcohol' es mesopotámica).

Los sumerios son de interés porque su influencia llega hasta hoy. Compartimos con ellos los grandes mitos culturales: la Creación, el Diluvio, el Jardín del Edén, la Torre de Babel.

El libro de Génesis relata que las primeras ciudades se levantaron cuando Dios permitió que la tierra seca surgiera del agua. El mito sumerio relataba que la primera tierra salió del mar y allí se construyó un templo y luego una ciudad sobre la elevación llamada Eridu. Allí comenzó la organización social y política llamada reino.

Hoy Eridu es un desierto sin habitantes pero originalmente dominaba un lago, fuente de vida real en términos agrícolas (y más tarde también símbolo de la vida misma). Lo que la Biblia llama Edén proviene de la palabra sumeria Adeem, la descripción de un delta fértil. También se encontraron restos de un zigurat donde se ubicaba el templo de la deesa Ishtar, que el Génesis interpreta como una apostasía. El castigo bíblico es Babel, la confusión de idiomas que impide la cooperación necesaria para la construcción de nuevos zigurats.

Los arqueólogos han revelado la enorme extensión del sitio de Eridu con muros circulares de 6 millas construidos hacia el final de una gran expansión económica que vio a miles de personas trasladarse del campo a la ciudad. El terreno circundante, hoy una llanura salada, debe haber producido tantos granos como el medio oeste estadounidense moderno para sustentar tal población. Aquí se inventó el arte de la cerámica, la astronomía, la primera escuela y la literatura, el primer mapa del mundo e incluso la división del tiempo y el espacio en múltiplos de 60. (Cuando miramos un reloj moderno, nos recuerda la deuda que tenemos con los sumerios).

Sin embargo, todo este trabajo estaba destinado a morir de éxito. El cultivo cada vez más intenso para alimentar a una población en crecimiento devastó el suelo. Fue la primera vez que la humanidad descubrió los efectos destructivos de la civilización. La primera civilización no logró equilibrar la fertilidad de la tierra con la voracidad humana.

Los iraquíes tienen una larga tradición en historias, como 'Las mil y una noches', y cuentan con la primera obra literaria del mundo, 'Gilgamesh', con su historia original de la gran inundación y el arco, inspiración para el mito de Noé. Esta heroica leyenda también sirvió de modelo para las historias de extraordinarias exploraciones humanas como la Odisea, el Santo Grial y la actual Star Wars e Indiana Jones. Es una doble ironía que la historia de la búsqueda de Gilgamesh del secreto de la vida eterna nos haya llegado a través de la escritura, inventada aquí.

Aproximadamente en el año 2000 antes de nuestra era, la ruina agrícola se hizo evidente en Sumeria con las consiguientes hambrunas y el colapso de la economía. Los enemigos de Irán invadieron las tierras sumerias y provocaron la huida de la población. (Lo vemos repetido hoy con la invasión occidental de Irak en busca de petróleo y el caos económico que provocó).

Entre los migrantes del delta había un tal Abraham, habitante, según la Biblia, de Ur de los Caldeos. En 1862, el arqueólogo Henry Rawlinson identificó Ur con una ciudad en el sur de Irak. A principios de la década de 1920, Leonard Woolley excavó el sitio y lo identificó como una ciudad sumeria. Abran, hijo de un fabricante de ídolos, huyó con el resto de los migrantes sumerios y trajo consigo una conclusión aprendida de la ruina de la civilización sumeria: los dioses antiguos les habían fallado. Su nueva idea era simple y poderosa: solo hay un Dios. Se llevó su monoteísmo con él en su huida a Palestina. Era una idea que marcaría los tres grandes credos de Oriente Medio que reconocen a Abraham: el judaísmo, el cristianismo y el islam.
 

Hay una gran cantidad de sectas que sobreviven en Irak después de la conquista árabe en el siglo VIII d.C. que vio la división entre los invasores del norte, sunitas, y los originales del delta, chiítas. Los Mandeos del sur mantienen la tradición de llamarse seguidores de Juan Bautista. Todavía practican ritos bautismales en el río Tigris. Estas prácticas son reminiscencias de la inmersión de Jesús en el Jordán y quizás estén relacionadas con él de la misma manera que la creencia en el monoteísmo: por la migración.

Los conquistadores islámicos crearon en Bagdad una civilización cultural y económica inmensamente rica. Construyeron universidades mucho antes que Oxford o la Sorbona. Los investigadores que enseñaron aquí tradujeron los textos sagrados de los judíos y cristianos para comprender mejor las decisiones divinas. También guardaron aquí el legado griego de sciencia y filosofía y la tradición mesopotámica en astronomía y matemáticas. Todo esto terminó cuando los mongoles invadieron en 1258. Las tierras del sur quedaron desiertas y Bagdad con sus canales de irrigación, fuentes de vida, fue destruida.

Los ciudadanos del siglo XXI aún podemos reconocer nuestra psicología en la mitología de los primeros habitantes de la ciudad de Mesopotamia. ¿Podemos reconocer también nuestro futuro en el desierto iraquí, resultado de la sobreexplotación?

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